7 jun. 2011

El último estudio a la izquierda al final de la escalera

 Esa habitación me miraba, ¡me miraba cuando pasaba y se reía de mí! Oía su risa hueca saliendo de las paredes cada vez que entraba a buscar algo depositado en el viejo armario o en una de las cajas que dejé en el suelo en alguna ocasión. La pared abombada dejaba caer su mirada de sorna sobre mí y, con sus grietas, le lanzaba una sonrisa de complicidad al cristal roto de encima de la puerta, pegado con cinta engomada, para juntos festejar mi falta de tiempo o de decisión necesarios para hacerles frente. El vinilo del suelo levantaba sus bordes hacia mí como garras que nunca llegarán a prenderme y, no obstante, amenazan con hacerlo, sólo para regocijarse contemplando el brillo del miedo en mis ojos y sentir el paso rápido de mis pies abandonando el cuarto...

Así sucedió durante años hasta que me decidí, me planté cara a cara ante la oscuridad decrépita del enmohecido cuarto, que no era otra si no
el reflejo de mi propia debilidad, y poco a poco fui derrotando al Leviatán que habitaba sus entrañas a golpe de llana, rodillo y cincel hasta convertirlo en... The Zio Dillinger's Tattoo and Art Studio! Yeah!


Es una lástima no tener fotos de cómo era esa habitación antes de arreglarla, así que vais a tener que confiar en mi palabra cuando os digo que la he tenido que rehacer de arriba a abajo. No obstante os lo describiré para que os hagáis una idea: el suelo estaba 5 cm por debajo del nivel del resto de la casa, en el borde de la puerta había además un rehundido. Estaba cubierto con linóleo mal pegado sobre baldosas en proceso de desintegración. El rodapié hacía juego con nada en absoluto y una de las paredes estaba abombada por una humedad que ya se secó hace años. Paredes y techos de un agrietado beige indeciso apenas quedaban iluminados por una bombilla que pendía de un cable sujeto a un enganche que olvidó la lámpara a la que pertenecía. Para conectar aparatos eléctricos sólo un enchufe antiguo junto al interruptor de la luz estaba presente en el quicio de la puerta. Y ¿qué decir de la puerta? capas y capas de pintura plástica, el ventanuco superior desconocía si en algún tiempo pudo cerrarse y el cristal llevaba roto y pegado con cinta ni se sabe de los años. Había un mueble sí: una cama plegable de 90 con un armario al lado que usaba para guardar trastos y la cama para nada en absoluto porque, además, colchón y somier eran una trampa mortal, mamotreto infame. 

Así pues sólo tenía que desmontar y tirar el mueble viejo, quitar el suelo plástico antiguo, nivelar, colocar uno nuevo, colocar rodapiés, picar la pared abombada para nivelarla después, instalar enchufes nuevos (picar roza, tirar el cable, arreglar la pared...), quitar los desconchones y taparlos junto a las grietas, decapar la puerta y el marco, pintar, tirar el ventanuco de encima y colocar un metacrilato, ponerle un marco, colocar una lámpara nueva, pintar paredes y techo, además de buscar muebles que optimizaran el espacio.

"¡Pero, Zio! ¿cómo piensas hacerlo?" me preguntaban unos, "¿Convertir una habitación angosta en un estudio donde tener suficiente espacio para dibujar, coser, tatuar, hacer manualidades varias... sin apenas capital ni tiempo? ¡Inconcebible!" aseveraban los más escépticos. Sin embargo así fue, me ha costado tiempo y dinero, pero me lo he tomado con calma y poco a poco la he ido dejando niquelada.

¿Trucos que me he inventado? Para aprovechar el espacio al máximo debía intentar no meter muebles a pie de suelo, para que no me comieran sitio, o hacerlos lo más desmontables que fuera posible así que me hice una mesa pegada a la pared y creé un sistema de estanterías:

La abati-mesa: un tablero hermoso fijado a la pared con dos escuadras abatibles. Tiene dos posibles inclinaciones y se puede dejar vertical. Cuando está abierta deja espacio debajo para guardar la camilla, el carrito, el taburete, a tu prima...

Abati-mesa

Las estanterías colgantes (chain-estanterys): estanterías de tablero garrafón con escuadras que además van fijadas al techo con cadenas. Una solución económica para tener un sistema de almacenaje en alto que soporte bien de peso y además quede pintón.

Chain estanterys
También me he dado caprichos que no son tales. Al no tener iluminación natural me agencié un flexo fluorescente con lupa que pudiera colocar donde me viniera bien según cómo fuera a trabajar, además de la lámpara del techo. Y, bueno, mi camilla plegable, muy maja, la única pega es que es blanca como la paloma pentecostal y la tinta sale regular.

Es un sitio en el que me da buen rollo trabajar, cosa esencial, de ahí la importancia del acabado, aunque como leo historias acerca de seres de múltiples probóscides que acechan a señores en cuartos umbríos, japonesas difuntas que le hacen mindfucking a periodistas freelance y veo demasiadas películas de psicópatas, de zombies y de niñas con pelo largo que salen dando susto, a veces, cuando estoy sola, tengo que mirar hacia atrás para asegurarme de que no hay nadie con la cara podrida respirándome en la nuca, de todas maneras, por un lado sé que eso es imposible y por otro sé que está el gato y es bien sabido que los gatos son muy listos: se esconderá y esperará a que quede exánime y el malo se marche para comerse las partes blandas de mi cara... un momento, eso no me tranquiliza en absoluto, voy a volver a mirar... ¡¡¡Nooo!!!¡¡¡¡esos ojos en la ventana!!!!

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