9 sept. 2011

Cosas que sólo pueden suceder un Dies Veneris

El viernes pasado recibí un mensaje que me intrigó. Me escribió un amigo para pedirme un favor, no es de los que piden dinero, así que le devolví la llamada. Necesitaba una persona de confianza que le echase una mano en su curro. No tenía ningún plan, por eso decidí enrolarme en esta nueva misión llena de peligro y misterio a cambio de un bocata, unas cervezas y el viaje. Entre los millones de trabajos que dignifican al hombre está el de organizar partidas de rol en vivo para empresas, despedidas de soltera, cumpleaños y... Sweet sixteens!!!! a eso se dedica Despertalia, la empresa de animación y team building de mi amigo Talha.


En esta ocasión una madre moderna y enrollada, de esas que sólo existen en la cabeza de
las que creen ser madres modernas y enrolladas, decidió preparar una partida de rol en vivo para su hija en su decimosexta efeméride con otros 17 amigos de entre 16 y 18 años en su casa de la sierra. La partida en cuestión era "Ecos" yo ya la había jugado como game tester y me lo pasé teta. La ambientación tiene lugar en el Japón actual: un grupo de personas se citan en un templo para formar un cónclave de lo que llaman el Club del Grito, una sociedad jerarquizada con normas estrictas de iniciación que se dedica a colarse en lugares abandonados que dan yuyu para tomar fotos y después subir la documentación gráfica a su blog. Lo que viene siendo una partida que se juega a oscuras en la que el miedo está servido y se respira un ambiente de dominación-sumisión entre los personajes que da hasta morbo.

Nunca antes había hecho de máster en vivos, y ésta iba a ser mi primera experiencia del otro lado de la ficha. La verdad es que estaba emocionada y mi personalidad más voyeur tenía muchas ganas de mirar por un agujerito mientras otras personas jugaban.

Los niños estaban entusiasmados, alguna de las chicas, trémula de pavor incluso antes de empezar la partida, acompañaba su gesto con un "¿pero esto da mucho miedo? que si no yo me voy", la chiquilla del cumpleaños, sin embargo, estaba cardíaca perdida por llevar a una dominátrix cabrona que ya se había petado a algún que otro PJ (papel que interpreté yo cuando jugué la vez anterior). 

¿Contratiempos previos? Llegaron casi dos horas tarde, la mayoría no se habían mirado las hojas de personaje, a la que te descuidabas se ponían a contarse sus tramas y nos quedamos sin dos PJ's que no pudieron venir. La madre se ofreció a llevar alguno de ellos alegando: "Si yo con estos muchachos tengo mucha confianza, me han visto hasta en bragas". Hay que joderse... ¡NO! ¿Tú crees que iban a tener la libertad de ordenar a una de las amigas de tu hija hacer la pantomima de follarse el culo de otro amigo a estilo perro y ladrando contigo delante? Definitivamente hubiera echado a perder la diversión.  Por cierto, esa escena fue abracadabrante: la chavala no quería y la obligaron a hacerlo mientras otros dos la sujetaban los brazos, nunca he visto una monta tan... tan... ¿rara? No sé si está bien que un adulto vea hacer esas cosas a menores de edad y además se refocile, pero es bonito cuando en el rol la situación vuelve las cosas irreales y acabas haciendo lo que jamás hubieras pensado hacer, es algo que todo el mundo debería experimentar.

Cómputo de daños personales cero, cómputo de daños materiales... eso es otra cosa. Rompieron una barandilla, una cama (seguramente folgando) e hicieron caer al pozo una bomba de succión de 2000 €. Además, por razones que aún no alcanzo a comprender, la madre lleva consigo siempre que se traslada de domicilio unos cuadros muy valiosos, concretamente tres litografías de Dalí de 30.000 € cada una. No se separa de ellos y el mero hecho de saber que estaban allí ya traía mal fario. Mancharon una de ellas, no sé con qué sustancia, espero que no fuera en la misma situación en que se rompió el somier. Como dijo Talha cuando nos poníamos en camino hacia Madrid "Podemos declararlo el vivo con más presupuesto de la historia". Ah, por cierto, el pobre perdió la funda de la cámara de fotos.

Lo raro hubiera sido que no pasara nada, considerando que durante la partida se cosieron a porros y se apretaron una botella de ron, aunque no sé cuándo ¡son como lagartijas! porque ni me enteré, aunque la madre enrollada sí se dio cuenta y tuvimos un briefing acompañado de bronca maternal.

No estuvo mal: se divirtieron, pasaron miedo, aunque se tomaron la interpretación como muchachos puestos y alcoholizados que eran. Fue un hecho curioso que les diera la impresión de que había al menos 3 Talhas: uno para coordinar, otro para hacer de PNJ y otro para acojonar y 2 Zios: la del walkie-talkie (¡qué sensación de poder da llevar pinganillo!) y la que salía con pelucón negro, camisón y ojeracas haciendo de Sadaco Sasaki. ¡Ay, cómo me gustó! nada más salir a escena me encuentro con la del cumpleaños, chulita, valiente, me mira impasible, hasta que entablo contacto visual, dos segundos estática para crear desconcierto y antes de que abriera la boca y tomase aire para preguntarme quién soy le hice la carrerita: directa hacia ella sin dejar de clavarle la mirada perdida. Es el malrolleo, me cerró la puerta de un viaje siguiendo su instinto más primitivo de conservación. Si no sabéis a lo que me refiero, aquí un ejemplo bonito:


Si vas a la MZM te aconsejo que lo pruebes, funciona hasta con la madre que te parió y eso que te conoce.

Me he enrollado ¿Sí o qué? ¡Ná que no! Si has llegado hasta aquí ya puedes irte a dormir.

1 comentario:

  1. La verdad es que, echando la mirada atrás (con los viscosos nervios ópticos sobre los hombros), fue una noche memorabilísima. No veas cómo gana la experiencia de montar estas cosas con alguien al lado, máxime cuando es de tu pelaje, ralea, cariz y rollo.

    Te invitaría a que hicieses de voyeur a todas, pero sería abusar. Te invitaré mentalmente y así volveremos a ser cinco acojonando niños.

    Mi clienta no responde ni a tiros, yo creo que la cosa terminó como en la peli aquella de Ibáñez Serrador. Malo, malo.

    Y fueron dos camas. Yo creo que haciendo lo del perrete.

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