7 jun. 2011

El último estudio a la izquierda al final de la escalera

 Esa habitación me miraba, ¡me miraba cuando pasaba y se reía de mí! Oía su risa hueca saliendo de las paredes cada vez que entraba a buscar algo depositado en el viejo armario o en una de las cajas que dejé en el suelo en alguna ocasión. La pared abombada dejaba caer su mirada de sorna sobre mí y, con sus grietas, le lanzaba una sonrisa de complicidad al cristal roto de encima de la puerta, pegado con cinta engomada, para juntos festejar mi falta de tiempo o de decisión necesarios para hacerles frente. El vinilo del suelo levantaba sus bordes hacia mí como garras que nunca llegarán a prenderme y, no obstante, amenazan con hacerlo, sólo para regocijarse contemplando el brillo del miedo en mis ojos y sentir el paso rápido de mis pies abandonando el cuarto...

Así sucedió durante años hasta que me decidí, me planté cara a cara ante la oscuridad decrépita del enmohecido cuarto, que no era otra si no