25 sept. 2012

Historia de cómo me salvé de un sicario interdimensional


Una vez, en una taciturna medianoche, mientras meditaba débil y fatigada sobre curiosos y extraños vídeos de gaticos, mientras cabeceaba soñolienta, de repente algo sonó, como el rumor de un vórtice de conexión espacio-tiempo entre dos mundos, que rasgara
suavemente el intersticio de dos dimensiones tangenciales.


A través de aquella oquedad refulgente tintada en colores no conocidos por el ojo humano se abrió paso un duplicado de mi misma que afirmaba venir de un tiempo ulterior, concretamente diez minutos más adelante en el futuro, momento en que se abriría ante ella, es decir ante mí, el umbral que acababa de franquear. 

Durante el viaje había decidido que lo más oportuno sería matarme y suplantar mi personalidad, puesto que no sería correcto conservar ambas Zíos en un mismo plano y además haríamos el doble de gasto, así que venía decidida a acabar conmigo.

¡Tenía que pensar rápido! Y de esa manera me enfrasqué en una lucha cognitiva a muerte con mi propio Yo.

Argumenté que sería una paradoja que me matase, dado que, en ese caso, ella no existiría diez minutos después para poder atravesar el portal y, del mismo modo, no era posible que yo fuera su "Yo del pasado", porque ella misma en el pasado no había experimentado las vivencias que se presentaban ante mí. Entonces podíamos aducir que, de hecho, se había trasladado a una dimensión paralela compuesta por copias exactas de los elementos de su propia dimensión diez minutos más jóvenes.

En ese momento el vórtice se cerró con un gorgoteo y un sonoro ¡PLOP!. Con la mirada perdida procesó todo lo que le dije y concluyó que vivir en un mundo que no era el suyo rodeada de desconocidos, viviendo una vida robada se le planteaba una idea horrible. La imposibilidad de volver a su propio plano y la certeza de que había desaparecido del mismo para siempre, como si hubiera muerto en todos los sentidos, salvo en el recuerdo que dejaba a quienes permanecían allí, tintó su semblante de desesperación. Sólo le quedaba sobrevivir.

¡BLAM! ¡SKEW! ¡ZEW! ¡KAPOW! con nuestras manos desnudas nos debatimos en combate singular hasta dejar a mi némesis yacente y exánime sobre la mesa del ordenador.


Escribo este post aún con las manos temblorosas, consciente del peligro que acabo de sortear, para haceros saber que la Zio original sigue ocupando su lugar... 

¿o tal vez no? ¡MWAHAHAHAHAHA!

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