13 sept. 2012

Zio se escribe con Z

Con afán de alimentar mi narcisismo y trascender en el devenir de la Historia, me estoy presentando a los concursos creativos que encuentro por ahí. De momento devenir devengo, pero trascender más bien nada. Sí gané el concurso de flashes de la revista "Tattoo Is Pain", pero en aquel de ilustraciones para el juego de Eliot Ness me comí las ñañas y esta vez tampoco me he llevado el felino al líquido (Ouuu).


Hice una historieta para ver si podía ganar un ejemplar del juego de rol Z-Corps, con su pantalla de máster y todo, editado en España por Holocubierta, en un concurso que
promovieron. Había que presentar la descripción de una comunidad de supervivientes al apocalipsis zombie, de manera libre, y podía acompañarse de ilustraciones, aunque éstas no tendrían relevancia en la deliberación del jurado. Se presentaron en total 18 historias que serán publicadas en su web en un pdf que podrá descargarse (ya os avisaré, que seguro que no tienen desperdicio). De cualquier manera, el juego cuesta 36 € que no le sacan a uno de pobre y las Navidades están a la vuelta de la esquina (no te digo ná y te lo digo tó).

De momento os la dejo aquí mi historia para regocijo vuestro. Se titula "24 HORAS VIVOS" y tiene lugar en un gimnasio en Wichita (Kansas). Es evidente: cuando me aburro en el trabajo pienso en cuáles serían nuestras mejores posibilidades si me pilla allí la infección global Z.

El PDF para descargar AQUÍ.

24 HORAS VIVOS
(Escrito e ilustrado por Zio Dillinger)
Wichita (Kansas) Agosto de 2012.

En la fachada, enormes letras que deberían brillar en rojo neón señalan, ya apagadas y sin vida, bajo una capa de polvo y cenizas, el lugar en el que aún se encuentra el “24 Hours Gym”. Esas letras se ven ahora eclipsadas por el mensaje grande y deforme de color blanco que, escrito en el suelo de la azotea y a lo largo de todo el ventanal del edificio, clama: “VIVOS DENTRO”.



En el interior, siete personas. Siete reflexiones que juntas forman una coral enmudecida. El silencio ha irrumpido en la sala de peso libre después de arrojar el cuerpo convulsionado de la mujer con el mordisco en el cuello a través de la cristalera reventada. Ese silencio contrasta con el zumbido monótono de las voces, por llamar de alguna manera a esa especie de gemido inhumano, de los cuerpos que caminan en la calle buscando el olor de los siete supervivientes. Hace tan solo un día, ninguno de ellos hubiera podido creer, que en los primeros años del siglo XXI, sólo hicieran falta 24 horas para que se desatase un desastre de tal calibre.

Dan Mc Neil (Director de “24 Hours Gym”)

¿Por qué? ¿Por qué no pude haber montado mi propio negocio de importación de trajes europeos? El imbécil de mi suegro no podía prestarme el dinero, no. “¿Y si te colocamos en un puesto de responsabilidad, en la empresa, Daniel?” (en nuestra mierda de franquicia de gimnasios, Daniel). Encima me hacen venir a las 4 de la mañana porque a una idiota le ha atacado un vagabundo y la muy zorra acaba muriéndose, o lo que sea que le haya pasado.
Da igual, ahora sus sesos están esparcidos en la acera. Lo que más me fastidia es tener que acabar aquí mis días. Los helicópteros que vemos pasar no sé a dónde coño van pero está claro que no tienen pensado hacer una parada por aquí, parece que los amigos del médico no se preocupan mucho por él.

Martha Jameson (monitora en “24 Hours Gym”)

Por suerte los ventanales del gimnasio dan a una segunda planta. Aquí no pueden llegar. Aun así no hay manera de evitar que el pestilente olor de los cuerpos que cubren la base del edificio se cuele por el cristal reventado a través del cual arrojamos a la señora de las mallas blancas.

Es triste que te mueras y sólo te recuerden por que hacías pilates y llevabas unas mallas a través de las que se te transparentaba el tanga. Me da pena la pobre desgraciada, aunque no parase de intentar mordernos. Después de los años que llevo dando clases en gimnasios, todo el mundo pierde el nombre de pila para convertirse en “cielo”, “sol” o  “cariño”. Esos nombres quedan reservados para los que aún estamos vivos, los que caminan ahí fuera tendrán que quedarse con el apelativo de “cabrón” o “maldito hijodeputa”.




William Romeo Sánchez (entrenador personal en “24 Hours Gym”, ex-púgil)

“Santa María, Madre de Dios, Señora, ruegue por nosotros, pecadores” Rezo y lo que pido con todas mis ganas es que el simple hecho de rezar pueda servirme de algo.
Debe haber algún propósito para esto, a la mera hora en que consigo encauzarme en la rectitud, fuera del cuadrilátero, de las apuestas, de las drogas, en un trabajo bueno, Nuestro Señor me da una nueva oportunidad permitiéndome sobrevivir al infierno en la tierra. Y no pienso desaprovecharla, se los juro.

John Wayne Richards (informático)

El fin del mundo cae sobre nuestras cabezas y me pilla entrenando ¡Pero si no he pisado un gimnasio en 30 años! El primer día de gimnasio me lo imaginaba malo ¿pero tanto? Sin 3G ni internet ni cobertura, con la calle hasta la bandera de yonkis necrófagos ¡ah! y con una máquina de barritas de proteínas como único suministro para los próximos… mierda, a saber cuánto tiempo podremos resistir antes de que nos rescaten. Al menos aseguran en el envoltorio que tienen sabor a chocolate y la compañía tampoco está mal, que yo con la de pilates repoblaba la tierra ¡Sí Señor! Si me hubiera pillado este fregado en el curro las expectativas serían menos optimistas.


Dimitar Punjabi  (Médico del Z-Corps, hermano de Raisa)

No consigo que mi radio capte señal. “Deja atrás toda esperanza de encontrar a los tuyos con vida”, es lo primero que te enseñan en el Z-Corps. Pero no podía dejar a Raisa sabiendo que existía una posibilidad y menos en su estado. Todavía no entiendo cómo esos podridos han conseguido llegar tan rápido. Sin radio y con el vehículo detrás de esa barrera de cuerpos malolientes contamos con pocas ventajas. Es momento de hacer balance de nuestros recursos y llegar con vida a la central, allí sigo siendo necesario, aunque me haya comportado como un imbécil y Vásquez pueda pagarlo caro con esa herida en la pierna.


Alexandra Vásquez (ex-marine y miembro del Z-Corps)

¿Crees que un rasguño puede acabar conmigo, nene? ¡Como alambre de espinas y meo napalm! ¡Shh! Dios, esto duele de cojones, al menos no hay fractura. ¡Eso! Eso es lo que más echo de menos, poder sentarme tranquilamente a ver una buena película e hincharme a nachos. No tiene pinta de que esto vaya a arreglarse como para que el año que viene estrenen nada bueno. Al menos quedan copias del viejo y buen metraje de Eastwood en cualquier Blockbuster, siempre que esos bastardos con olor a vagabundo no las hayan alquilado todas ¡jajajaja! ¡Joder, esto duele! Me debes una, maldito Punjabi.

Raisa Punjabi (chica de la limpieza, hermana de Dimitar)

Dimitar, sácame de aquí. Tenía que haberte hecho caso, ir a uno de esos refugios y no haber venido a trabajar, pero no podía perder mi trabajo. Ahora no.
No sé si conseguiré un hospital con sábanas limpias para tener a mi hijo o tendré que parir en una furgoneta huyendo de este desastre. Aunque para eso todavía quedan bastantes semanas, casi ni se me nota, aunque ya siento la vida crecer dentro de mí, cómo se mueve y empuja con sus piececitos. Debe ser normal que se mueva tanto…
Está nervioso, sabe que algo anda mal, seguro que es eso.


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