31 mar. 2013

¡Jeesús!

Hace casi tres años que tatué a Jesús, mi pareja, amante, compañero de fatigas, secuaz y sidekick, el día en que se cumplían tres meses desde que comenzamos a compartir fluídos. Como de costumbre, en casa del herrero cuchillo de palo y, aunque en su momento le tomé como coballa, hasta el pasado viernes no volví a pincharle y no es porque el muchacho no me haya insistido. 





Esa golondrina, el tercer tattoo que realizaba en seres humanos vivos, hecho con material que dejaba un poco que desear comparado con el que utilizo ahora que lo he ido
renovando, y sin un espacio de trabajo que me permitiera hacer lo mío como es debido, necesitaba un repaso y un retoque ahora que además la experiencia y lo que he ido aprendiendo me ha dado mejor mano.


Sombracas y coloracos para darle vida, lo hemos refrescado y tiene hasta otra cara el pollico.

Antes de que lleguen los calores, tenemos pensados unos cuantos diseños para ir llenando de tinta ese brazo y hacer que Jesús mole aún más (si es que eso es posible).


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