12 may. 2013

La tercera en discordia

He aquí un hombre rodeado de mujeres. Ya tenía el nombre de su mujer y de su hija la mayor tatuados, así que sólo le quedaba el de la pequeña: Mireya. Gerar, que ya estuvo haciéndose un maorí en el otro brazo, me jura y me perjura que éste ya es el último tatuaje que se hace... sí, y yo nunca más vuelvo a probar el alcohol.









Lo hemos colocado al lado del nombre de Virginia, su santa, tatuaje que íbamos a repasar también aprovechando el día, pero después de las horas que llevábamos sobándole el brazo estaba el pobre Gerar cagando patatas.

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